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La Covid-19 pone patas arriba la “exclusividad” de la investigación

Parece que uno de los efectos colaterales de la pandemia sanitaria provocada por la Covid-19 ha sido poner patas arriba lo que viene a llamarse exclusividad científico-literaria para poner rumbo hacia una ciencia más viva, inclusiva y colaborativa buscando soluciones comunes. 

  • Ismael Gaona Pérez

Más de 150.000 artículos sobre el virus causante de la terrible enfermedad en repositorios en tiempo récord, cientos de trabajos de grupos de investigación, ensayos, conocimiento compartido, talento emergente... Efectivamente, el coronavirus ha logrado acelerar pensamientos y teorías sobre la conveniencia de abrir armarios y estantes, probetas y placas; y está dando la razón a aquellos movimientos que reclaman que los artículos resultantes de investigaciones financiadas con subvenciones públicas deben publicarse en revistas o plataformas de Open Access compatibles. Y en este escenario, precisamente, cobra mayor valor y relevancia el llamado Plan S, que cuenta con el apoyo de cOAlition S, un consorcio internacional de financiación de la investigación y organizaciones ejecutivas, y cuya razón de ser parte del principio de la universalidad de la Ciencia y acelerar el tránsito hacia el acceso abierto. 

 

“Después del 1 de enero de 2021, las publicaciones científicas sobre los resultados de las investigaciones financiadas con subvenciones públicas proporcionadas por los consejos de investigación y los organismos de financiación nacionales y europeos, deben publicarse en revistas de acceso abierto compatibles o en plataformas de acceso abierto compatibles”, reza en su decálogo este Plan S, auspiciado por la Unión Europea y el ERC. Pero más allá de la exposición de esta coalición en favor de liberalizar los resultados de la investigación, dos organismos internacionales también se han mostrado partidarios de avanzar en esta nueva era de liberación, un sentimiento compartido por la propia OMS y la UNESCO, cuyos máximos responsables reclaman sin ambages que es hora de garantizar que todos compartamos los beneficios de la ciencia. “En estos tiempos difíciles, las mejores tecnologías y descubrimientos sanitarios no pueden preservarse sólo para unos pocos. Deben estar a disposición de todos”, ha subrayado Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. “Después de todo, ¿cuál es el propósito de tener tecnologías de vanguardia si no pueden llegar a las personas que más las necesitan? Compartir datos e información que a menudo se mantienen en secreto o protegidos por la propiedad intelectual podría avanzar significativamente en la velocidad a la que se desarrollan las tecnologías”, prosiguió.

 

 

Al hilo de esta declaración, la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, subraya: “La lucha mundial contra el Covid ha puesto de relieve la necesidad de acceso universal a la ciencia como nunca, y el potencial de cooperación. La solidaridad mostrada por la comunidad científica mundial es un modelo de futuro. Frente a los desafíos globales necesitamos la inteligencia colectiva más hoy que nunca”, dijo.

 

“Y, sin embargo, antes de la pandemia sólo una de cada cuatro publicaciones científicas era abiertamente accesible, lo que significa que a millones de investigadores se les negó la posibilidad de leer los trabajos de sus colegas. Hoy en día, los modelos científicos cerrados ya no funcionan, porque amplifican las desigualdades entre países e investigadores y porque sólo hacen que el progreso científico esté disponible para una minoría”

 

Para Azoulay es urgente abrir y democratizar la ciencia, no sólo liberalizando el acceso a las publicaciones, sino haciendo que todo el proceso científico fuera más accesible, más transparente y participativo compartiendo datos, protocolos, software e infraestructuras. Los aliados en beneficio de extender el Plan S aumentan y los 193 Estados miembros de la UNESCO ya han encargado a la organización la redacción de un instrumento internacional, una recomendación sobre cómo construir una visión coherente de la ciencia abierta, con un conjunto compartido de principios y valores generales. “La comunidad mundial necesita urgentemente garantizar que la ciencia abierta no replique los fracasos de los sistemas científicos tradicionales cerrados. Son estos fracasos los que han llevado a un alto nivel de desconfianza en la ciencia, a la desconexión entre la ciencia y la sociedad, y a una ampliación de las brechas de ciencia, tecnología e innovación entre los países y dentro de ellos. La solidaridad mostrada por la comunidad científica mundial es un modelo de futuro. Frente a los desafíos globales necesitamos la inteligencia colectiva más hoy que nunca”.

 

 

Entre estos aliados aventajados, España. Al menos en el tiempo. La Ley de la Ciencia y la Tecnología y la Innovación de 2011 detallaba varias medidas para poder tener un verdadero acceso abierto a la ciencia en España. En concreto, su artículo 37 Difusión en acceso abierto recoge los principales aspectos a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo la difusión en abierto de los resultados de la investigación financiada con fondos públicos y aceptados para su publicación en publicaciones de investigación seriadas o periódicas. Se establece, por tanto, la obligación legal para la comunidad de científicos españoles de depositar en acceso abierto una copia de los artículos que publicaran en el marco de sus proyectos de I+D+I nacionales. Hoy, su grado de cumplimiento es toda vía pobre. Cerca del 10 por ciento. 

 

EL PLAN S Y DORA

Pero seguimos con la ciencia abierta y colaborativa. Como es sabido, el Plan S pretende poner de acuerdo con el mundo de la investigación para que los resultados científicos (aquellos financiados con fondos públicos) sean accesibles desde plataformas abiertas. Sin embargo, un artículo bajo el título El plan S para acelerar el acceso abierto: contexto, retos y debate publicado en Hipertext.net por investigadores de la UPF (Barcelona) revela que “un 3,3% de la producción mundial está financiada por alguna de las agencias adheridas al Plan S. Por su parte, un informe del Institute for Scientific Information (ISI) los sitúa en el 6,4% de las publicaciones en WoS en 2017, con un total de 120.000 artículos publicados en 10.000 revistas”. Parece que aún queda mucho trabajo por delante para romper la brecha que, por otro lado, tiene mucho que ver con el papel que vienen desarrollando las grandes editoriales, las únicas plataformas que parecen dar el marchamo de calidad y prestigio a los textos.

 

“Aunque no se duda que los investigadores seguirán las pautas de la financiación (pasada la etapa del proselitismo inicial del acceso abierto, actualmente para incrementar el porcentaje de producción científica en abierto se ha optado por la obligación mediante políticas institucionales), está por ver el papel que van a tener las principales editoriales”, comentan Ernest Abadal, Alexandre López-Borrull, Candela Ollé-Castellà y Francesc García-Grimau, autores del mencionado artículo, quienes aprovechan para subrayar un punto importante del Plan S: que en el proceso de evaluación de la investigación se valore el mérito intrínseco del trabajo y no el canal de publicación, el factor de impacto o la editorial. “Esta consideración, muy importante para avanzar en el despliegue de la ciencia abierta, se incorporó en la segunda versión del plan debido a los comentarios recibidos. Así pues, se reconoce que debe considerar el valor del artículo y no el de la revista, siguiendo las recomendaciones de la San Francisco Declaration on Research Assessment DORA (2012)”

 

“Firmé DORA para protestar contra el uso indebido del factor de impacto. Incluso antes de iniciar mi carrera, sabía que era necesario cambiar algo sobre la forma en que se evaluaba la investigación en las decisiones de contratación, promoción y financiación. No tenía ningún sentido que el valor de un investigador se basara en gran medida en la revista en la que se publica su trabajo y, sin embargo, este era el sistema al que yo, y mis compañeros de doctorado, sentimos que estábamos siendo forzados. Quería que me evaluaran en función de la calidad de mi investigación, cómo esta es reutilizada por mis colegas en todo el mundo y cómo otros la compartieron y discutieron en línea”. Jon Tennant se autodenomina “paleontólogo errante” y es fundador de paleorXiv y Open Science MOOC. En un artículo publicado en https://sfdora.org/, Tennant asegura que DORA está progresando y se está manifestando en un cambio real en el ecosistema de investigación. “El progreso puede parecer lento, pero en un sistema definido por la inercia y acompañado por una red compleja de interacciones de “partes interesadas” y dinámicas de poder, cualquier cambio es positivo”. Hoy, 19.612 personas y organizaciones de 145 países han suscrito el manifiesto. 

 

 

EL FACTOR DE IMPACTO

DORA pone énfasis, precisamente, en la métrica del impacto y critica la evaluación de la ciencia basada en ideas de “excelencia exclusivistas, bibliométricas y mecanizadas”. Así, en el documento se considera que la distribución de las citas dentro de las revistas es altamente sesgada; que las propiedades del factor de impacto son específicas de cada ámbito; que el factor de impacto puede ser manipulado por la política editorial de la revista y que ahí la información utilizada para calcular el factor de impacto no es transparente ni accesible para el público. Casi nada. “De ahí deriva la crítica a la aplicación de una idea estrecha y descontextualizada de excelencia a la hora de evaluar la producción científica. La aplicación de criterios únicos y uniformes no permite valorar ni apreciar (uno de los otros sentidos que tiene valorar) la calidad ni tampoco la relevancia social de la investigación (es especialmente vulnerable toda la investigación encaminada a afrontar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y la Agenda 2030). 

 

La Declaración DORA recomienda, por lo tanto, que no se utilice el factor de impacto como sustituto de la evaluación de la calidad de los artículos de investigación individuales, así como de las contribuciones científicas de los investigadores, y de la evaluación para contratar o promover investigadores o investigaciones, o como base para tomar decisiones de financiación de la investigación”, subraya el Grupo de trabajo DORA de la UOC formada por Daniel Aranda (ECIC), Nadja Gmelch (AGyC), Josep Grau (GPE), Eric Mesalles (OSRT), Clara Riera (BIBRA), Israel Rodríguez (IN3). 

 

La Declaración DORA, por otro lado, invierte el sistema de evaluación y pone en el centro la calidad. “También pone en el centro la revisión por pares y el papel de las comunidades epistémicas a la hora de valorar la excelencia y la calidad de la ciencia. Algunas voces han argumentado que estos problemas podrían compensarse con el uso de indicadores alternativos (las altmetrics o métricas alternativas). Si bien estos indicadores pueden ayudar a complementar estas evaluaciones, lo cierto es que no entran en el fondo de la cuestión: la necesidad de repensar la producción, la comunicación y la evaluación del conocimiento académico”. 

 

QUE HAY DE LOS DETRACTORES

En cualquier circunstancia, el Plan S ha mostrado contar con detractores que cuestionan que su puesta en marcha constituye una limitación de la libertad académica del investigador ya que no dejan publicar donde quieran hacerlo. “Así, el parámetro del cumplimiento de los requisitos del Plan S pasa en algunas disciplinas a limitar de forma evidente el rango de revistas donde los investigadores pueden publicar”, sostiene el artículo el Plan S para acelerar el acceso abierto: contexto, retos y debate generado. Por otro lado, la obligación de usar licencias CC-BY, que permiten la comercialización y reutilización de los contenidos puede generar problemas a algunos autores porque se limita su libertad de restringir usos comerciales. Entre otros motivos para la desconfianza hacia este Plan S figura que este plan debería funcionar sobre parámetros que todavía no stán implementados, lo que podría afectar negativamente, a corto plazo, a la promoción de jóvenes investigadores, quienes podrían encontrarse con dos sistemas alternativos de evaluación.

 

Y por último. Una crítica generalizada. El Plan S potenciará el modelo editorial basado en el cargo por procesamiento de artículos (APC), cuyo coste recaería en la sentidades financiadoras, y que propiciará que el pago de tasas por publicar sea la vía preferente del negocio. 


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