A+ A-


Cuando las cosas dejan de ser normales

Superior. El retorno del racismo científico

Angela Saini

Traducción al castellano: Sandra Chaparro

Círculo de Tiza

Alcobendas (2021)

Traducción al catalán: Maria J. Cuenca

Institució Alfons el Magnànim

València (2021) 304 p.

  • Juli Peretó

  • Instituto de Biología Integrativa de Sistemas I2SysBio (Universitat de València-CSIC)

 

He perdido la cuenta de cuántas charlas sobre evolución he impartido en centros educativos preuniversitarios. Pero tengo un recuerdo vívido de la cara de asombro de los jóvenes cuando a veces propongo que hay dos razas humanas: los que digerimos la lactosa y los que no. Y que dichas razas no deberían gozar de los mismos derechos civiles. Obviamente, se trata de una reducción al absurdo del asunto de buscar una base biológica para sostener un mito racial y justificar una discriminación social. Pero para cara de asombro la mía cuando leí en «Superior» de Angela Saini que en Estados Unidos se ha visto a supremacistas blancos bebiendo grandes vasos de leche para hacer ostentación de un fenotipo compartido con muchos europeos. Lo grotesco es que, en realidad, hay varias mutaciones del promotor del gen de la lactasa que explican su expresión en la edad adulta, que aparecieron de manera independiente desde el Neolítico y que todas ellas están presentes en las poblaciones africanas descendientes de los primeros ganaderos.

 

Angela Saini es una periodista formada en ingeniería (Oxford), egresada del programa Knight Science Journalism (MIT) y con un amplio currículum en divulgación de la ciencia y sus derivadas sociales. Su anterior libro («Inferior. Cómo la ciencia ignora a la mujer y cómo las investigaciones reescriben la historia», Círculo de Tiza, 2017) fue un éxito de ventas y cosechó varias distinciones. Descendiente de migrantes del Punjab, ella sufrió en su propia piel — por su propia piel— la discriminación en su ciudad natal, Londres. En «Superior» Saini tira del hilo de sus vivencias y teje un relato inquietante de lo que ha sido el concepto de raza desde la Ilustración, con una devastadora descripción del empeño en forzar la ciencia y, hoy en día, los datos genéticos, para justificar la discriminación racial. El libro sigue un formato de informe entreverado de declaraciones de un sinfín de especialistas, académicos y científicos, algunos de ellos del lado oscuro.

 

Este año se cumple el 150 aniversario de la publicación de «El origen del hombre y la selección en relación al sexo» de Charles Darwin. En este libro, victoriano en la forma y en el fondo, el autor extiende a la humanidad la acción de la selección natural y la sexual, expuestas en «El origen de las especies». Aunque Darwin proyecta sus prejuicios de hombre blanco acomodado, deslumbrado por la idea de una sociedad imperial británica como culmen cultural, hay que destacar que defiende con rigor la unidad filogenética de la especie humana y, por tanto, el origen común de las razas. Esa diversidad biológica representa para él distintos estadios evolutivos, pero de ningún modo justifica la discriminación y la esclavitud. Su convicción abolicionista era rotunda. Sin embargo, como bien explica Saini, la negociación de Darwin entre la unicidad de la especie y la diversidad de las razas no acabó con el racismo, sino que, irónicamente, la ciencia de la diferencia se expandió. Su primo Francis Galton creó la eugenesia y preparó el terreno a los abusos monstruosos del racismo científico nazi. Pero el final de la Segunda Guerra Mundial y la declaración de la UNESCO de 1950 sobre la unidad de la humanidad no impidieron que el racismo buscara nuevas vías. Saini sigue las pistas de los racistas científicos a lo largo del siglo XX: su presencia, marginal pero continua, en la academia o la existencia de revistas abiertamente racistas como Mankind Quarterly y Open Differential Psychology, que retroalimentan una pequeña red de autores que se citan unos a otros.

 

El estudio de la diversidad genómica humana desencadenó una avalancha de datos sobre la humanidad. Un proyecto impulsado en 1991 por el genetista Cavalli-Sforza, armado con muchos y bienintencionados argumentos en contra de los mitos raciales, naufragó en una tormenta política desatada por grupos indigenistas que se sintieron desdeñados. En 2005, el proyecto Genographic tuvo más éxito al iniciar un rastreo mundial de las huellas genómicas de nuestros antepasados y de las migraciones que nos han hecho como somos. Saini dedica muchas páginas a las polémicas relacionadas con las supuestas diferencias raciales en inteligencia o a la diversidad genética y la propensión a determinadas enfermedades. Pero como bien argumenta, no son los genes sino las condiciones socioeconómicas las que explican mejor las diferencias observadas.

 

Creo que hay motivos sobrados del interés que tiene leer «Superior» pero, al llegar al epílogo, me ha conmovido una frase de Barry Mehler, historiador y profesor norteamericano, fundador del Instituto para el Estudio del Racismo Académico: «Tengo un montón de parientes que sobrevivieron al Holocausto y siempre están preparados para que las cosas dejen de ser normales en poco tiempo porque esa fue su experiencia». Saini confiesa que en la era Obama creyó que una sociedad posracial era posible, pero actualmente el fantasma que agranda nuestras diferencias con propósitos políticos recorre todo el planeta. La autora no esconde en ningún momento las obscenas conexiones del racismo científico con la extrema derecha.


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: