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Revista: Biología cuántica


Especies reactivas de oxígeno, estrés oxidativo y señalización redox

  • Susana Cadenas

  • Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” (CSIC/UAM), Madrid

RADICALES LIBRES Y ESPECIES REACTIVAS DE OXÍGENO

Un radical libre se define como cualquier especie química que posee uno o más electrones desapareados (aquellos que ocupan un orbital atómico o molecular por sí solos), los cuales confieren generalmente un alto grado de reactividad. El oxígeno molecular (O2) posee una configuración electrónica particular, con dos electrones desapareados y, por lo tanto, constituye un radical libre, si bien no posee una alta reactividad. El término especies reactivas de oxígeno (ROS, reactive oxygen species) es un concepto más amplio que hace referencia a los productos derivados del O2, generados mediante reacciones redox o por excitación electrónica, que pueden ser o no radicales libres. Así, la reducción monovalente del O2 da lugar a la formación del radical anión superóxido (O2•-), que a su vez puede generar peróxido de hidrógeno (H2O2) y el radical hidroxilo (OH), este último el más reactivo de los ROS (Figura 1). La dismutación del O2•-, espontánea o catalizada por la enzima superóxido dismutasa (SOD), es una fuente principal de H2O2. El H2O2 no es un radical libre, es relativamente estable y se considera la principal especie reactiva en la regulación redox de las actividades biológicas. En presencia de trazas de catalizadores metálicos, como el hierro o el cobre, el H2O2 puede dar lugar a la formación de OH a través de las reacciones de Fenton o de Haber-Weiss:

 

Fe2+ + H2O2 → Fe3+ + OH + OH-

(Reacción de Fenton)

 

O2•- + H2O2 → O2 + OH + OH-

(Reacción de Haber-Weiss)

 

 

Los radicales libres poseen una vida media corta debido a su inestabilidad, y son capaces de interactuar con las biomoléculas cercanas. Así, el OH reacciona directamente con las biomoléculas próximas a su lugar de generación (es un oxidante inespecífico) y puede iniciar el proceso de la peroxidación lipídica (reacción en la cadena de oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados).

 

MECANISMOS DE PRODUCCIÓN DE LAS ESPECIES REACTIVAS DE OXÍGENO

Los primeros indicios de la formación de radicales libres en los sistemas biológicos se obtuvieron a mediados de los años cincuenta, a partir de los trabajos de la investigadora argentina Rebeca Gershman y colaboradores, quienes propusieron un mecanismo bioquímico compartido entre la toxicidad por el oxígeno y las radiaciones a través de la formación de oxidantes y radicales libres, sentando las bases iniciales para el desarrollo de la teoría del estrés oxidativo. Posteriormente, en 1969, Joe M. McCord e Irwin Fridovich demostraron, en células de origen animal, la existencia de una enzima capaz de eliminar el O2•-, la SOD, lo que reforzó la idea de la formación y eliminación de la toxicidad de los radicales libres y los oxidantes en los sistemas biológicos.

 

 

Las mitocondrias son una fuente esencial de generación de ROS a través de reacciones de los componentes de la cadena de transporte de electrones mitocondrial con el O2 (Figura 2). Durante el transporte de electrones en la cadena respiratoria mitocondrial, los electrones del NADH y el FADH2, provenientes de la oxidación de la glucosa y los ácidos grasos, se transfieren al O2, que actúa como aceptor final de los mismos. El transporte de electrones genera un gradiente electroquímico de protones (AμH+) a través de la membrana mitocondrial interna, y la ATP sintasa utiliza la energía contenida en este gradiente para la síntesis de ATP a partir de ADP y fosfato inorgánico (Pi). Este proceso se denomina fosforilación oxidativa y constituye la principal fuente de ATP en los organismos aerobios. En el centro activo (el centro binuclear formado por el citocromo a3 y el Cub2+) de la citocromo c oxidasa (complejo IV) de la cadena respiratoria, el O2 se reduce a H2O por la transferencia de cuatro electrones. 

 

Sin embargo, un pequeño porcentaje (menor del 0,2%) del O2 se reduce de manera parcial por un electrón, dando lugar a la producción del radical superóxido (O2•-). En ciertas condiciones, la producción de O2•- puede estar aumentada, generando estrés oxidativo que puede causar la muerte celular.

 

Otra fuente de producción de ROS en las células es la enzima NADPH oxidasa, la cual cataliza el transporte de electrones desde el NADPH al O2, produciendo O2•- que puede posteriormente dar lugar a H2O2 mediante dismutación:

 

NADPH + 2O2 → NADP+ + 2O2•- + H+

 

Este complejo enzimático fue descubierto en células del sistema inmune, principalmente en neutrófilos y macrófagos. Tras un estímulo como la fagocitosis de organismos patógenos, los componentes citosólicos de la enzima se trasladan a la membrana para ensamblar la forma activa de la enzima. Esto desencadena la producción de grandes cantidades de O2•- por periodos relativamente cortos de tiempo, dirigidos a eliminar los patógenos invasores en un proceso conocido como “estallido respiratorio”. Otros tipos celulares también contienen enzimas de la misma familia, si bien los niveles de O2•- formados son mucho menores y participan en la señalización en procesos fisiológicos.

 

Además de la NADPH oxidasa, otra fuente importante de ROS es la enzima mieloperoxidasa (MPO), que se encuentra en los gránulos de los neutrófilos, monocitos y macrófagos. Esta enzima puede formar hipoclorito/ ácido hipocloroso (OCl- /HOCl) a partir de H2O2 y Cl- (Figura 1). En procesos inflamatorios agudos, la liberación de MPO por los neutrófilos activados, junto con la formación de O2•- y H2O2 por parte de la NADPH oxidasa, lleva a la formación de OCl-/ HOCl, que tiene una potente acción citotóxica. Por otra parte, una excesiva generación de oxidantes por la MPO se ha relacionado con daño tisular y diversas enfermedades, especialmente aquellas caracterizadas por inflamación aguda o crónica.

 

MECANISMOS REDOX DE LAS ESPECIES REACTIVAS DE OXÍGENO

Las reacciones de óxido-reducción, también llamadas reacciones redox, son aquellas en las que los electrones se transfieren desde una molécula donante a una receptora. Estas reacciones implican, por tanto, la oxidación de un sustrato coordinada con la reducción de otro; es decir, la pérdida de electrones por un sustrato y la ganancia de los mismos por otro. Un ejemplo de reacción redox que ocurre en el citoplasma es la catalizada por la enzima lactato deshidrogenasa:

 

Piruvato + NADH + H+ ⇔ Lactato + NAD+

 

Las reacciones redox biológicas implican transferencia de electrones, aunque en muchos casos, el aumento de la carga negativa en el componente que se reduce -el que recibe los electrones- lleva a la consiguiente unión de uno o más protones (H+). Así, la reducción de NAD+ a NADH requiere la adición de dos electrones, seguida por un protón:

 

NADH ⇔ NAD+ + H+ + 2e-

 

Otras reacciones, como la reducción de ubiquinona a ubiquinol en la cadena respiratoria, conllevan la adición de dos electrones seguida de dos protones:

 

UQH2 UQ + 2H+ + 2e-

 

El principal mecanismo por el que los ROS median sus efectos biológicos en la regulación redox es a través de modificaciones en los grupos tiol o sulfhidrilo (-SH) de las proteínas diana. Inicialmente, el H2O2 reacciona con un residuo de cisteína en la proteína, dando lugar al sulfenato (-SO-) y posteriormente a la formación de disulfuros (S-S) inter- o intramoleculares, o bien a la glutationilación de la cisteína (-SSG), alterando la función de la proteína. Por otra parte, el O2•- reacciona con los centros Fe-S de proteínas, como la aconitasa, afectando su función. Cuando el O2•- se genera junto con el óxido nítrico (NO) se forma el peroxinitrito (ONOO-), el cual da lugar a la nitración de residuos de tirosina en las proteínas, causando alteraciones funcionales. El NO puede originar también otra modificación en los residuos de cisteína, la S-nitrosilación. Todas estas modificaciones son reversibles, una característica esencial de la señalización redox. Además, los ARN no codificantes o microARN también son sensibles al estado redox (redoximiR) y contribuyen a la señalización redox.

 

ESTRÉS OXIDATIVO Y ANTIOXIDANTES

El término estrés oxidativo fue definido por Helmut Sies en 1986 como un desequilibrio entre los oxidantes y los sistemas antioxidantes a favor de los primeros. Actualmente, se considera una situación de desequilibrio metabólico que conduce a la alteración de la señalización redox o al daño oxidativo, lo cual facilita el desarrollo y la progresión de patologías degenerativas e inflamatorias. El daño por reperfusión tras la isquemia (falta de oxígeno y nutrientes) también está causado principalmente por los radicales de oxígeno.

 

Los ROS generados por el metabolismo celular son capaces de reaccionar rápidamente con las moléculas vecinas. La oxidación de los ácidos grasos insaturados en las biomembranas y las lipoproteínas se inicia con la oxidación por un electrón, dando lugar a la formación del radical alquilo (L). Este reacciona rápidamente con el O2 y genera el correspondiente radical peroxilo (LOO), la especie fundamental en la propagación del proceso de peroxidación lipídica. Normalmente, el LOO causa la oxidación de las moléculas de ácidos grasos adyacentes. Este proceso es potencialmente peligroso para las células, puesto que la peroxidación de los fosfolípidos mitocondriales puede afectar a la permeabilidad de las membranas. Por otra parte, el LOO puede promover la oxidación de los aminoácidos, conectando de esta manera la peroxidación lipídica con la oxidación de proteínas en las membranas y las lipoproteínas.

 

Los ROS también inducen mutaciones en el ADN mitocondrial, lo que puede dar lugar a la generación de un feedback en el que mutaciones en los genes que codifican complejos de la cadena de transporte de electrones pueden afectar directamente a la eficiencia de este proceso. La mayor sensibilidad del ADN mitocondrial a la mutagénesis inducida por los ROS, comparada con el nuclear, podría deberse a que el primero no está protegido por histonas y a que la reparación del daño en el ADN mitocondrial podría ser menos eficiente.

 

Los organismos aerobios tienen numerosos mecanismos de defensa antioxidante que permiten la eliminación de los ROS o su transformación en moléculas estables (Figura 3). El equilibrio entre la generación y la eliminación de los ROS permite el mantenimiento de la homeostasis redox celular. 

 

 

Algunos antioxidantes son de tipo enzimático, como la SOD, que cataliza la dismutación del O2•- , y las enzimas que descomponen el H2O2 y los hidroperóxidos orgánicos (ROOH), tales como la catalasa, la glutatión peroxidasa y la peroxirredoxina, que actúan en diferentes compartimentos celulares. La acción conjunta de los sistemas que eliminan el O2•-  y el H2O2 disminuye la formación de la especie más reactiva, el OH. Algunos de los sistemas de defensa enzimáticos están controlados por el factor de transcripción antioxidante Nrf2 (nuclear factor erythroid 2-related factor 2). También existen compuestos de bajo peso molecular (scavengers) que atrapan a los radicales libres y facilitan su eliminación, como el glutatión, el ácido úrico y el ácido ascórbico (vitamina C) en sistemas hidrofílicos, y el α-tocoferol (vitamina E) en membranas y lipoproteínas.

 

RADICALES LIBRES Y ENVEJECIMIENTO

La teoría del envejecimiento por radicales libres fue propuesta por Denham Harman en 1956. Esta teoría sostiene que los radicales libres y otros oxidantes del medioambiente y del metabolismo celular causan daño a los constituyentes celulares, lo que resulta en la acumulación de problemas estructurales y funcionales a lo largo del tiempo. Se han propuesto variaciones de esta teoría, incluyendo las que sugieren un papel central en el envejecimiento de las especies reactivas derivadas de la mitocondria y las que proponen un descenso en la efectividad de los sistemas de reparación de las proteínas, los lípidos y el ADN. A pesar de que numerosas evidencias experimentales apoyan la teoría del envejecimiento por radicales libres, otras la contradicen. Por ejemplo, algunas especies más longevas presentan niveles mayores de daño oxidativo que otras menos longevas; asimismo, ciertas especies con una producción similar de ROS poseen longevidades muy diferentes. Se considera actualmente que la naturaleza dinámica de la producción y eliminación de especies reactivas y, por tanto, sus niveles transitorios, es lo que puede inclinar la balanza hacia el daño o el beneficio. Así, las concentraciones transitorias de radicales libres y ROS los hacen beneficiosos (señalización), mientras que las concentraciones excesivas los transforman en deletéreos. Teniendo en cuenta este papel dual de los radicales libres y los ROS, se ha propuesto más recientemente la teoría de la “homeostasis adaptativa”. Esta teoría se define como la expansión o la contracción transitoria del rango homeostático para un parámetro fisiológico determinado, en respuesta a la exposición a moléculas de señalización o eventos no dañinos, sub-tóxicos, así como a la eliminación o el cese de tales moléculas o eventos. La homeostasis adaptativa permite a los sistemas biológicos hacer continuos ajustes a corto plazo para su funcionamiento óptimo, a pesar de las condiciones cambiantes internas y externas. Según esta teoría, el envejecimiento implicaría una disminución en la capacidad de activar la homeostasis adaptativa de los sistemas protectores del estrés. Este efecto se manifiesta en un deterioro de las estructuras y funciones biológicas, con un aumento de la acumulación de productos celulares dañados en el envejecimiento y una eventual disfunción, enfermedad, senescencia y muerte.

 

ESPECIES REACTIVAS DE OXÍGENO Y SEÑALIZACIÓN CELULAR

La visión tradicional en el campo de la biología de los radicales libres estimaba que tanto estos como los ROS son tóxicos debido principalmente a que causan estrés oxidativo, con un efecto directo sobre las dianas sensibles y biológicamente relevantes. Sin embargo, actualmente se considera que las concentraciones bajas o moderadas de ROS están implicadas en la regulación celular y actúan como señalizadores redox, afectando a la función de las proteínas, la actividad enzimática, la transcripción del genoma y la integridad de las membranas y del ADN. Numerosas proteínas contienen cisteínas y tirosinas que son sensibles a la oxidación, lo que sugiere la existencia de redes funcionales de proteínas sujetas a la regulación redox. Estas modificaciones son reversibles y generan una gran variedad de respuestas celulares. Mediante su interacción con las proteínas, los ROS afectan a diferentes vías de señalización implicadas en diversos procesos celulares como el crecimiento, la migración y la muerte celular, así como a la formación de tumores, la angiogénesis, la detección de oxígeno y la respuesta inmune. Así, por ejemplo, mediante la formación de puentes disulfuro entre cisteínas, el H2O2 inactiva la fosfatasa PTEN (phosphatase and tensin homolog) y desbloquea el reclutamiento de quinasas dependientes de PI3K (fosfoinosítido 3-quinasa), tales como Akt (proteína quinasa B). La activación de Akt desencadena la señalización a través de una multitud de dianas de fosforilación que controlan la supervivencia, el crecimiento, la proliferación y otros procesos celulares.

 

Muchas vías sensibles a los ROS transmiten señales citoplasmáticas al núcleo, donde afectan a la actividad de factores de transcripción que controlan la expresión de una amplia variedad de genes (Figura 4). El principal factor de transcripción sensible al estado redox es Nrf2, cuya activación determina la respuesta antioxidante en las células. En condiciones normales, Nrf2 se degrada en el citosol mediante su interacción con Keap1 (Kelch-like ECH-associated protein 1), mientras que en presencia de oxidantes o electrófilos, Keap1 se oxida en residuos de cisteína, permitiendo la translocación de Nrf2 al núcleo, donde induce la expresión de numerosos genes que codifican proteínas de defensa antioxidante. Los ROS también promueven la fosforilación de eIF4E, que regula la traducción de Nrf2. El factor de transcripción HIF (hypoxia-inducible factor) es un regulador maestro de la respuesta transcripcional a los niveles bajos de O2. Las enzimas PHD (prolil hidroxilasas) son capaces de detectar el O2 disponible, llevando a cabo la hidroxilación de HIF-1α (la subunidad sensible al O2) para su posterior degradación por el proteosoma. 

 

 

Los oxidantes ayudan a estabilizar a HIF en hipoxia, contribuyendo a establecer la respuesta a esta situación de estrés. Incluso en normoxia, los oxidantes pueden inhibir a las PHD, promoviendo la transcripción mediada por HIF como respuesta adaptativa al estrés. Otro factor de transcripción sensible al estado redox es NF-κB (nuclear factor-κB), un factor esencial en la respuesta inflamatoria. El complejo IKK (IκB kinase) libera a NF-κB de su inhibidor citosólico IκB y permite su translocación al núcleo. La activación del complejo IKK por varias quinasas (Akt, MEKK1) es sensible al H2O2. Otras quinasas sensibles a los ROS como PKA y PKC pueden activar directamente a NFκB mediante fosforilación. Por otra parte, proteínas quinasas activadas por estrés, como JNK (c-Jun N-terminal kinase) y p38 MAPK (mitogen-activated protein kinase), pueden verse afectadas por la regulación redox, y sus formas fosforiladas son capaces de activar la transcripción dependiente de AP-1. La oxidación de residuos de cisteína en las enzimas tiorredoxina (Trx) y glutarredoxina (Grx), los principales sensores de la activación, provoca su disociación de ASK1 (apoptosisregulating signal kinase 1). La activación de ASK1 lleva a la subsiguiente activación de JNK y p38 MAPK, lo que resulta en la inducción de muerte celular. Otros factores de transcripción como p53 y FOXO (forkhead box O) también pueden ser indirectamente modulados por la señalización redox.

 

PARA LEER MÁS

Brand MD. “Mitochondrial generation of superoxide and hydrogen peroxide as the source of mitochondrial redox signaling”. Free Radical Biology and Medicine. 100 (2016) 14-31.

Murphy MP. “How mitochondria produce reactive oxygen species”. Biochemical Journal. 417 (2009) 1-13.

Pomatto LCD, Davies KJA. “Adaptive homeostasis and the free radical theory of ageing”. Free Radical Biology and Medicine. 124 (2018) 420-30.

Radi R. “Oxygen radicals, nitric oxide and peroxynitrite”. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 115 (2018) 5839-48.

Sies H, Jones DP. “Reactive oxygen species (ROS) as pleiotropic physiological signaling agents”. Nature Reviews Molecular Cell Biology 21 (2020) 363-83. 

 

 


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