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Reivindicar la locura

El baile de las locas

Victoria Mas

Trad. del francés J. A. Soriano Marco

Trad. al catalán: Valèria Gaillard

 

Salamandra

Barcelona (2021)

240 p

  • Lorena Martínez España

  • Máster en Bioinformática Universitat de València

 

Sería cuanto menos interesante realizar un estudio sobre por qué siempre, desde bien pequeños, tendemos a ocultar lo que no nos gusta. Los niños juegan con las muñecas más bonitas, se quieren vestir con los disfraces más brillantes. Los adultos eligen coches rápidos, eficientes, nuevos. La sociedad presume de personas inteligentes, guapas, productivas y, sobre todo, hombres: hombres inteligentes, guapos, productivos y cuerdos, sobre todo cuerdos. Y es que sería el culmen de las cosas interesantes estudiar por qué las histéricas, trastornadas, depresivas, traumadas y locas en general han quedado excluídas hasta tal punto que ni la historia las quiere en su jardín. Pero recordemos que todos somos quienes hacemos la historia y que, a veces, hay quien se acuerda de nosotras y nos saca a pasear para simplemente reivindicar nuestra existencia. La existencia de las locas y, en el pasado, de los bailes que las locas ofrecían.

 

Victoria Mas, filóloga francesa de ascendencia española nacida en Le Chesnay, publicaba en 2019 El baile de las locas, una novela que veía la luz cuando la escritora pensaba en abandonar el mundo literario y, desde aquí, damos gracias por tan importante y reivindicativa obra donde se cuenta la realidad vivida por tantas y tantas mujeres a lo largo de la historia por su condición social: mujeres pobres, con experiencias traumáticas, tachadas finalmente como locas y encerradas en una cruel cárcel que se maquillaba —y, de hecho, se maquilla— como «hospital psiquiátrico». La obra se desarrolla en La Salpêtrière, un hospital construído en el siglo XVII en una esplanada parisina en la que se situaba un polvorín. Durante el siglo XIX sirvió de hospital de salud mental, alojando a mujeres de baja clase social, pero también a mujeres de la burguesía que molestaban, encerradas por sus maridos, padres o hermanos. En la actualidad, este centro sigue en funcionamiento como uno de los principales hospitales de la capital francesa.

 

La Salpêtrière fue, y es, tan apreciado debido en parte a los profesionales que por sus muros pasaron, siendo el más destacado Jean-Martin Charcot, el gran neurólogo que es reconocido por muchos por sus investigaciones en el campo de la psiquiatría y los trastornos mentales. De hecho, Charcot es uno de los personajes de esta historia. 

 

A lo largo del libro, conocemos a las diferentes integrantes de la novela, su historia, el porqué de su encierro, sus ambiciones. En primer lugar, conocemos a Eugénie, la hija de una familia burguesa que es encerrada por su propio padre por decir ver a los espíritus; Thérèse, la más veterana, acostumbrada al encierro, a la vida en La Salpêtrière; Louise, la favorita de Charcot y otros especialistas, víctima de abusos y con gran experiencia en las demostraciones ofrecidas por los médicos sobre hipnosis; por último, Geneviève, enfermera, admiradora de Charcot, fría, distante, una simple enfermera que sufre una tremenda evolución conforme vamos avanzando en el trascurso de la historia, cayendo en la cuenta del significado de ser enfermera y no médico, cayendo en la cuenta de su verdadera posición social. 

 

En Pascua, todas las locas disfrazadas celebran el baile de Media Cuaresma, un momento especial para todas ellas — por razones diferentes — y en el cual se muestran ante la alta burguesía que es invitada al hospital, un acto importante en el París del XIX que da nombre a la novela de Mas y que pone de manifiesto uno de los mensajes más importantes del libro: la locura tiene clase y las locas pobres son mayoría y sirven de espectáculo a todos esos ricos que dudan de si esas enfermas son personas o, simplemente, animales. 

 

A la obra pueden asignársele múltiples papeles, pero uno a destacar desde la perspectiva científica es nuestro deber de recordar que la ciencia es una extensión social y, por tanto, es el reflejo de la sociedad, sociedad que ha utilizado a muchas personas en nombre del avance científico y de las cuales debemos decir su nombre y recordar su posición y no volver a cometer los errores que la psiquiatría –como muchas otras ciencias– cometió. Ser críticos, plantearnos la salud mental, de dónde vienen nuestros problemas y observar la posibilidad de que una sociedad deshumanizada pueda hacernos tanto daño que acabe enloqueciéndonos.

 

Victoria Mas lanza esta obra como un cóctel molotov que alcanza todo y a todos, sembrando en el lector las semillas de tantos y tantos pensamientos, de reflexiones profundas sobre la vida de las mujeres en el siglo XIX, aportando una visión muy diferente a la de Conan Doyle o Flaubert, narrando la memoria de todas nosotras, dando a los lectores la piel de los personajes para que se sientan partícipes de ese baile, para que gocen —o sientan vergüenza— de lo que acaecía en el pasado en esas instituciones, para despertar la conciencia y la memoria, una obra literaria —y científica— para reivindicar la locura.


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