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Recordando a Santiago Grisolía (1923-2022)

Bioquímico y abogado de la promoción social de la ciencia

  • Consuelo Guerri

  • Socia de la SEBBM

  • Vicente Rubio

  • Expresidente de la SEBBM. Centro de Investigación Príncipe Felipe. Instituto de Biomedicina de Valencia del CSIC.

En la foto de la reunión prefundacional de la Sociedad Española de Bioquímica (SEB; ahora SEBBM) de 1961, se ve en primera fila a un joven Santiago Grisolía junto a Severo Ochoa. La foto ejemplifica el interés de Grisolía (Valencia, 1923) por la bioquímica del país donde nació y donde inició su formación (con José García-Blanco Oyarzábal, Fisiología, Medicina, Valencia), así como su devoción por su primer mentor en Estados Unidos (1948), Ochoa. Ahora, 61 años después, Grisolía nos ha dejado a los 99 años y 8 meses (4 de agosto pasado). Su cabeza seguía clara y él continuaba trabajando asiduamente en el Consejo Valenciano de Cultura, alto órgano de asesoramiento cultural de la Comunidad Valenciana que presidía desde su creación, así como en el Comité de Expertos del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (Valencia) que también presidía. 

 

 

Uno de nosotros (VR) conoció a Grisolía en 1966, cuando, como alumno de primero de medicina de Valencia, asistió a una conferencia suya sobre los tipos de fosfoglicerato mutasa, y sobre los esfuerzos de su laboratorio de Kansas City por caracterizar el mecanismo de estos enzimas. La charla, complicada, fue un verdadero acicate para pensar, revelando un rasgo de Santiago Grisolía que habríamos de corroborar luego en nuestra interacción con él desde 1974 en Kansas hasta su fallecimiento en Valencia: el ser un provocador en los demás de la actividad mental, un experto en extraer lo mejor de la mente de quienes le rodean. 

 

Grisolía era el socio de Honor más antiguo vivo de la SEBBM. Lo era desde 1975, el año del gran simposio español-internacional en honor de Severo Ochoa que dio a la bioquímica gran visibilidad social y produjo un excelente libro (Reflections on Biochemistry). Su nombramiento como Socio de Honor fue más que merecido dado el apoyo de Grisolía a SEBBM y a la formación de bioquímicas y bioquímicos jóvenes (incluidos nosotros) en su laboratorio de Kansas City (KUMC), así como por la visibilización de España en el contexto bioquímico, como ocurrió con el simposio definitivo sobre el ciclo de la urea que organizó en Valencia en 1975, con presencia de Krebs y de los grandes del ciclo, simposio que cristalizó en un libro aún de cabecera (The Urea Cycle. 1976. Wiley).

 

 

Volvió a Valencia en 1978 a dirigir el Instituto de Investigaciones Citológicas (IIC) de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, predecesor del actual Centro de Investigación Príncipe Felipe que también él propició. Dio al IIC un vuelco-potenciación bioquímica que lo catapultó, formando bioquímicas/os y biólogos/ as experimentales, la mayoría socias/os de SEBBM, que pueblan universidades y centros de investigación (incluidos algunos de fuera de España). Toda la bioquímica valenciana participó sin excepción en el primer Congreso SEB(BM) celebrado en Valencia, en 1985, incluido simposio satélite en honor a Ochoa, de los que Grisolía fue responsable máximo. Igualmente apoyó y participó en los otros dos congresos SEBBM organizados en Valencia, en 2001 y 2015, siendo Presidente de Honor del último de ellos. 

 

Sus 340 publicaciones registradas en PUBMED desde 1948 a 2020 dan cuenta de su productividad en ciencia y amplio recorrido: enzimología, metabolismo, toxicología (alcohol, amonio), ciencia de proteínas, alostería, degradación de proteínas, etc. Resaltaremos que asentó sobre base molecular incontrovertible la hasta entonces hipótesis plausible de Krebs del ciclo de la ornitina o de la urea. En ese campo creó un nuevo medicamento actualmente comercial (carbamilglutamato), prácticamente curativo de un defecto del ciclo de la urea y terapia de elección de la hiperamoniemia de las acidurias orgánicas. Testigos de su ejecutoria científica son su nombramiento (1973) como Sam E. Roberts, Distinguished Professor de la Universidad de Kansas; el haber recibido el Premio Príncipe de Asturias para Investigación y Ciencia (1990; compartido con Salvador Moncada); o la medalla de la International Union of Biochemistry and Molecular Biology (IUBMB; 2012); así como un gran número de doctorados Honoris Causa, incluyendo los de las dos universidades públicas de Valencia. 

 

No podemos olvidar su carismática, tesonera y efectiva acción en el campo de la promoción del papel central de la ciencia en la mejora social, aspecto en el que ha ejercido todas las formas posibles de militancia, promoviendo fundaciones, comités, premios (como los famosos y excelentes Rei Jaume I), convenciendo a tirios y troyanos (y eso incluye al empresariado) a colaborar en empresas de promoción, reconocimiento y difusión de la ciencia, promocionando el avance hacia la secuenciación del genoma humano, iniciando en Valencia en el IIC el cribado neonatal masivo de los errores congénitos, o sus actividades ya citadas respecto al Museo de la Ciencia y el Consejo Valenciano de Cultura. 

 

Sin duda, Santiago Grisolía ha sido no solo un importantísimo bioquímico, sino también un gran abanderado de la ciencia. Su voz ha sonado alta y clara, sin ambages, para que la ciencia se considere parte de la cultura y se reconozca como pilar clave del avance social. Sigámosle y luchemos tanto por nuestra actividad científica como por el empoderamiento social de la racionalidad y la ciencia. Hagamos de su ejemplo su mejor legado.

 

Descanse en paz.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN

https://metode.es/revistas-metode/article-revistes/la-bioquimica-en-valencia-desde-la-guerra-civil.html

 

 


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